Ferrero fue encontrado una noche, solo y corriendo por las calles, buscando sin saber muy bien a dónde ir. Es pequeño, dulce y muy amable, de esos perritos que te miran y se te ganan al instante. Ahora está a salvo en el refugio, disfrutando de cuidados, comida y mucho cariño mientras crece y se recupera.